martes, 22 de abril de 2008

COMIENSO DE UNO DE LOS GRANDES DE LA MAFIA DE ALCAPONE

La verdadera historia de Al Capone

Gabriele Capone fue uno de los 43.000 italianos que llegaron a Estados Unidos en 1894. Era barbero, le acompañaba Teresa su esposa embarazada y dos pequeños hijos. Vivieron en Brooklyn en una humilde casa sin mobiliario. Allí abundaban los tugurios y marinos desempleados. Capone se empleó en un almacén y Teresa en una sastrería. Como familia honesta y emprendedora, de escasa instrucción, eran muy unidos y alejados de la violencia. No tenían inclinación delictiva ni pertenecían a sociedades criminales. Humberto Zárraga
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Eran simplemente una familia respetuosa de la ley. Adaptándose a una nueva vida, en 1906 adoptaron nombres americanos: Vincenzo se convirtió en James; Raffaele en Ralph; Salvatore en Franco; y Alphonse en Al, quien asistía a una escuela que abandona a los trece años debido a que una maestra lo golpeó y él le regresó el golpe. Ya mostraba inclinación por la violencia, o al menos las circunstancias, propiciadas por las difíciles características de la educación de un niño inmigrante, lo indujeron a ello. En esas rígidas escuelas prevalecía la fuerza física y no brindaban ayuda a los de origen italiano. La vida de inmigrante no era fácil y se complicaba al crecer rodeado de irlandeses. Luego del incidente se mudaron a Garfiel, donde Al conoce a John Torrio, quien era una especie de “modelo” para muchos jóvenes de esa comunidad. Como otros muchachos, Al ganaba algún dinero haciéndole diligencias a Torrio, quien confiaba en él. Tiempo después, Torrio se va a Chicago, mientras Al trabaja en Nueva York, en una fábrica como cortador de papel, pero el destino lo cruza con Francesco Ioele (apodado Frankie Yale), quien le emplea como camarero en un bar, donde en una trifulca es herido en la cara, quedándole una cicatriz que le hizo ganarse el apodo de Cara cortada. Torrio y Capone se separan durante diez años que servirán de “brillo” a Torrio. Tiempo después este manda a buscar a Capone asociándolo en “algo productivo”. En 1910 había en Chicago un personaje que obtenía una renta mensual de 500.000 dólares. Se trataba de Jim Colósimo (Jimmy Diamantes), jefe de los bajos fondos, quien durante 1910-1920 estableció una organización que brindaba protección y manejaba una cadena de burdeles, salas de juego y clubes nocturnos. A Colósimo se le imputaban varios asesinatos, por lo que contrata como guardaespaldas a un joven procedente de Nueva York, llamado Johnny Torrio. Colósimo era hijo de inmigrantes muy pobres. El 17 de enero de 1920, cuando entra en vigor la ley seca que prohibía la preparación, venta, transporte, importación y exportación de cualquier bebida alcohólica, Colósimo se dedica sólo a la administración de sus clubes. El siciliano Torrio, iniciado como ladrón y pistolero a sueldo y luego rufián y matón de Jimmy Diamantes, se caracterizaba porque era muy ambicioso. Por ello “olía” la riqueza que la prohibición ofrecía, a lo que Colósimo se opuso; pero no había nada que una recompensa de diez mil dólares por la cabeza de Colosimo no resolviera. Torrio hizo la oferta. Había aprendido mucho, y tenía ingenio para hacer alianzas. Fiel a sus orígenes, llamó a Capone a Nueva York (en quien la honestidad había desaparecido con la muerte de su padre), lo nombró su ayudante y, más adelante, socio y sustituto. Podría decirse que fue su padrino en la carrera criminal. La ley seca generó una industria para el bajo mundo y Torrio supo aprovecharla, elevando a Capone en la escala social. La alianza estaba consumada (juego, alcohol y prostitutas), y Al encajaba perfectamente con su “excelente” currículum (robo de tiendas y de vehículos; chulo de navaja y matón en locales de mala nota; gerente de club nocturno con bar, sala de juego y burdel). Eliminado Colósimo, Torrio comienzó a reclutar matones, con Capone a su lado. Ambos logran una imagen agradable acerca de los mafiosos como benefactores, al satisfacer la necesidad de alcohol de Chicago, iniciando un ciclo de “favores” a jefes policiales para proyectar una imagen impecable. En una década de terror el imperio Torrio se fortalece hasta parecer un Estado sobre otro Estado. Con apenas 26 años Capone es imparable: tiene a su servicio cientos de pistoleros, numerosas posesiones, y dieciocho guardaespaldas lo custodian por más de 200.000 dólares semanales. Es un hombre galante, bromista e inescrupuloso. Posee todo lo que no pudo tener en sus años de miseria. En esa época Chicago se caracterizaba por su gran corrupción, la autoridad fue corrompida; la policía privatizada y los negocios casi monopolizados. Solo la competencia no podía ser controlada y ellos no eran los únicos en enriquecerse. Aún cuando el irlandés Dion O’Banion era capaz de hacer temblar el imperio Torrio, su vida culminó con seis balazos, lo que permitió que Capone tomara las riendas, sin pensar en las consecuencias de su eliminación ni se preocuparon por el hombre que lo sucedió, George Moran. Mientras la policía “investigaba” a Torrio y Capone, el amigo de O’Banion, Hymie Weiss, preparaba la venganza. Semanas después Torrio fue acribillado en la puerta de su casa. Tiempo después salía recuperado del hospital, pero atemorizado deja sus negocios de millones de dólares a Capone quien transforma su estructura pues su mente “negociadora” percibe las grandes ventajas que el monopolio habría de conferirle. En 1926 Al Capone sustituye las ametralladoras por los convenios de cártel, convoca a sus rivales de Chicago a una reunión de “familias” proponiéndoles el cese de hostilidades, fin de los atracos a almacenes de bebidas; perdón para los hechos de armas del pasado; responsabilidad de cada jefe por el cumplimiento de lo acordado, y, fijación de zonas de venta. Con este acuerdo demuestra ser el más astuto. Aún así, tres meses después es violado el acuerdo. Con una fortuna de 100 millones de dólares, Capone aspira dominar Chicago. Mientras Moran controla la zona norte; él controla el sur, por lo que se genera el más grande baño de sangre por dos causas: la primera, el fracasado atentado de Moran contra Capone en un restaurante, lo que hace que este lo condene a muerte. La segunda, Moran le intercepta 14 camiones de alcohol a Capone, quien enfurecido contrata a Jack Mc Gurn para eliminar a Moran. Una vez más Capone supera con una astuta estrategia a su rival quién no sospecha nada: Danny Stanton, un aparente miembro descontento de la mafia Capone se introdujo en la de Moran y le pasa información acerca de un cargamento de whisky a Saint Louis. Morán muerde el anzuelo. Otros hombres de Capone alquilan un apartamento frente a la bodega donde llegará el alcohol el 14 de febrero de 1929. El plan es realizado sin error; el cargamento es llevado a la bodega donde esperaban siete capos de Moran. En ese momento, quién vigilaba la llegada de Moran, fingió creer verlo entrar. Da la señal y se inicia la acción. Aparcan un Cadillac negro frente a la bodega y se bajan seis hombres; cuatro de ellos con uniformes de policía. Al verlos, los capos creen que se trata sólo de una redada; pero no es así; después de ordenarles colocarse hacia la pared reciben más de cien disparos, dejando una escena terrible con cuerpos deshechos confundidos con masas sanguinolentas.
Para disimular su salida a la calle, dos capos aprehendidos y esposados son introducidos al auto. Mientras que para rematar la coartada, Capone disfruta en una fiesta en Miami. Moran, quien huyó al ver el Cadillac creyendo que era una redada, al enterarse posteriormente, inmortalizó la forma en que Capone eliminaba a sus enemigos, diciendo: “Sólo Capone mata de esa forma”. Atemorizado, poco después se retira dejando la zona libre a Capone. El 8 de mayo de 1929, fueron eliminados Scalise, Anselmi y Joseph Guinta, después de que Capone fuese encarcelado un mes antes por porte ilícito de arma de fuego, pero en realidad eso formaba parte de un plan, pues se dejó detener para permanecer más de doce meses en la cárcel, a salvo de la venganza de Moran. Aún preso, él tenía poder suficiente para hacerse obedecer, y, como siempre, la policía no pudo comprobar su participación en la masacre de San Valentín. Entre 1929 y 1931 la pobreza y el desempleo azotaron a Chicago. Era momento de ajustar cuentas y un grupo de civiles inició una campaña señalándolo como responsable de la crisis. La justicia, decidida a ponerlo tras las rejas logra que el Departamento del Tesoro comisione al detective Elliot Ness. Ness y sus intocables conocían que los negocios “legales” de Capone eran empresas de inversión, lavanderías y flotas de taxis; por los cuales no podían achacarle ningún crimen; entonces deciden golpearlo por el lado fiscal, ya que el gran error de Capone fue no haber pagado nunca impuestos. Sin que Al Capone sospeche, infiltran un investigador entre sus hombres, quien durante varios años reúne pruebas de ingresos ilegales y defraudación fiscal. En junio de 1931 Capone se ve envuelto en un proceso penal que finalmente lo condena a once años de prisión y a pagar una multa de 50 mil dólares. Pese a su poder, sus intentos de asesinar al jefe del fisco y sobornar al jurado resultaron infructuosos, teniendo que confesar un delito de fraude por más de trescientos millones de dólares. El juicio fue cubierto ampliamente por la prensa. Tras nueve horas de deliberación, surgió la sentencia: “Absuelto de varios delitos de asesinato y condenado por fraude fiscal”. En 1932 ingresa a la cárcel de Atlanta, y en 1934 es trasladado a Alcatraz, pero aún daría mucho que hablar, ya que asume su condena como un dócil preso mientras por detrás sus negocios revivían; la corrupción carcelaria permitía que siguiera su poder. En aquella época le había sido diagnosticada sífilis aguda, la cual, pese al dolor cada vez más intenso, se negó a tratar por miedo a las inyecciones. Al ser llevado a Alcatraz su suerte cambió: allí eran imposibles los privilegios y el contacto con el exterior. El antes temido gángster, obligado a seguir la férrea disciplina carcelaria, pasó a ser el preso número 85. El deterioro de su estado de ánimo y de su salud lo confinaron a la enfermería donde, solitario y esquivo, pasó los últimos años de su condena postrado en un sucio catre. Cuando salió en libertad en 1939 estaba gravemente enfermo. Su esposa, quien hasta entonces había vivido en la sombra, cargó con el peso de sus achaques, lo trasladó a su lujosa mansión de Miami y lo cuidó como una madre, pero el mal había dañado sus funciones mentales, apenas podía andar y la saliva se le escurría de la boca. En 1942, valiéndose de artimañas, Mae logró curar su enfermedad con inyecciones de penicilina, pero ya el deterioro mental era irreversible. Capone murió el 25 de enero de 1947 en su casa de Miami. Fue el mafioso más temido y el primer enemigo número 1 de Chicago.